Goya y sus secuaces toman Milán. El País

Exhibitions
16 Mar 2010

Una muestra exhibe 184 obras del pintor aragonés y de sus herederos

 

Liberal, moderno y quizá el primer reportero de la historia del arte. Su mezcla de talento, rabia, coraje y compromiso anticipó las vanguardias y la mirada contemporánea de quienes le entendieron. Picasso, Dalí, Miró, Bacon, Dix, Pollock, Saura, De Kooning...

Ése es el Francisco de Goya que ha traído a Milán la Seacex, con la colaboración de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento milanés y la Fundación Goya para festejar la presidencia española de la UE. Un Goya potente y crítico, abierto a Europa y adelantado casi 200 años a su tiempo.

El palacio real alberga hasta el 27 de junio la exposición Goya y el mundo moderno. Hay 184 obras, entre lienzos, grabados y dibujos de todos los formatos, 70 son del pintor aragonés y el resto de otros 45 artistas. Los cómplices de Goya, sus secuaces.

Los comisarios, Valeriano Bozal y Concepción Lomba, han recorrido 15 países, 62 museos y varias colecciones privadas (Abelló, Alba...) para proponer un recorrido emocionante, que pone a dialogar a Goya con los ismos a través de cinco ideas. La subjetividad, la vida cotidiana, lo grotesco, la violencia, el grito.

La subjetividad se ilustra con retratos y autorretratos. En un espacio titulado El trabajo del tiempo, conviven Carlos IV y María Luisa de Parma, y Moratín, amigo exiliado en Burdeos, viejo y macilento. Todos preceden al famoso autorretrato del Prado, expuesto junto al de Delacroix (los Uffizi), para mostrar la evolución de la representación del rostro con Jacques-Louis David, Soutine o La mujer de la mantilla de Picasso.

La vida normal, la rutina, se abre con una frase del pintor enfermo: "Para ocupar la imaginación mortificada con la consideración de mis males, me dediqué a pintar un juego de cuadros de gabinete en el que el capricho y la invención no tienen ensanches". Ahí se mezclan óleos de pequeño formato y gran pegada, como El albañil borracho o La letra con sangre entra (Museo de Zaragoza), con dibujos a lápiz, aguafuertes y grabados y obras como La lechera de Burdeos, que según Bozal anticipa a Manet. Dibujos de Victor Hugo, piezas de Grosz y Kirchner explican la influencia del genio baturro.

En lo grotesco, lo cómico, la sátira se une al absurdo. Las espléndidas series de los Desastres y los Disparates. Goya habla sin saberlo con Miró, Picasso, Klee, y la Decapitación parece adelantar los dibujos negros de Otto Dix, que a su vez parecen anunciar Auschwitz en 1924.

La violencia y la guerra. Destrucción, pasmo, terror. La crudeza de Goya y la surreal violencia del Dalí y el Picasso de la Guerra Civil, Music y Guttusso, Kokoshka, Pollock...

El grito cierra el círculo: contra la mediocridad y la frivolidad, contra la dictadura y el abuso, queda la tristeza dolida del exiliado. El ejercicio de la ciudadanía abraza la memoria universal de Fuendetodos: Millares, Saura, Jorn, Bacon, Kiefer, De Kooning, Appel...

Goya empequeñece, dialoga y a la vez define, enseña a mirar. Incluso a la Milán actual, una ciudad rica, sorda y nerviosa que construye ya la Expo 2015 mientras destruye chabolas entre proclamas de racismo. El concejal de Cultura, Massimiliano Finazzer Flory, se desmarca: "El mensaje de Goya es crucial para Milán. Trae ética y estética. Belleza y verdad. Somos una ciudad multiétnica, pero si digo eso me insultan mis colegas en el municipio".

 

 

 

 

 

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