Francisco Goya, arquitecto. Heraldo de Soria.

, Media
17 May 2010

Cómo abordó el pintor aragonés la arquitectura en sus obras, cómo se relacionan con otras de artistas como Piranesi o Boullée y el conocimiento de unos pocos dibujos suyos de carácter arquitectónico componen el motor que mueven las hipótesis del libro del investigador y arquitecto Ricardo Usón, 'Fantasía y razón. La arquitectura en la obra de Francisco Goya', presentado por Juan José Vázquez, viceconsejero de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón y Patrono de la Fundación Goya en Aragón; Fernando Guerrero, director de la editorial Abada, y el propio autor en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

 

 

«La presencia de figuras arquitectónicas en el universo goyesco no resulta casual ni siquiera, valga la palabra, caprichosa. Por el contrario, los grandes temas de colosalismo, la luz, la antigüedad o el esoterismo de ciertas formas aparecen relacionadas con experiencias contemporáneas bien paralelas, de modo que el talento arquitectónico de Goya se explica en relación a toda una serie de desarrollos de la arquitectura de su tiempo», escribía el arquitecto y filósofo que fuera director de esta tesis que hoy se edita, Ignacio de Solà-Morales.

De acuerdo con estas palabras se mostró Vázquez al reivindicar a un Goya no sólo ilustrado, sino al «hombre culto, muy bien informado, al día de todos los avances, no sólo técnicos como demostraría, sino que compartía absolutamente los avances científicos, filosóficos y artísticos de su época».

Tal se muestra en 'La pradera de San Isidro', una de las obras maestras del paisaje del momento histórico cuyo sustantivo es el conjunto urbano.

Los fondos pictóricos acuden casi siempre a tipologías sencillas. El modelo rural mínimo, constituido por una casa cúbica con tejado a dos aguas, es el más utilizado, como señala Usón en su libro. Forma así este elemento parte compositiva del 'Baile a orillas del río Manzanares', donde se contrapone a la lejana vista de Madrid significada por la silueta de San Francisco el Grande.

Más allá de sus cartones, Goya tiene dibujos puramente arquitectónicos, como la propuesta que plantea en 'Proyecto de Monumento', que Gassier y Wilson datan entre 1800 y 1808, en donde una inscripción del autor reza: 'Goya inventó y dibujó'. En él, además de esta reivindicación, se concreta la escala gráfica del plano, como bien se observa en el lado derecho inferior, hecho que evidencia aún más su carácter edificativo.

Pero será 'La pirámide' el dibujo que resuma individualmente dos características extraordinarias «que lo aclaman como un ejercicio único», señala Usón: «Su novedad como experimento de arquitectura, en la obra de Goya, y su formalismo, verdadera primicia de la arquitectura de la Ilustración en España».

Al igual que en el anterior se expresa una creación arquitectónica, pero si bien el proyecto se concreta en un edificio cuyas dimensiones lo hacen normalmente construible, en 'La Pirámide' no sucede lo mismo.

A su simbólica forma, en la que en realidad vemos una puerta cuyo arco de paso se remata como una pirámide, se unen sus enormes proporciones. Se calcula que tendría una altura estimada entre los 75 y los 85 metros, «traduciéndose en sugestiva imagen de arquitectura simbólica fundamentada en la megalomanía formal del momento histórico, sobre todo la que los pensionarios de Roma tanto gustan de proponer», concreta el investigador.

LA CARTUJA DE AULA DEI

Del recorrido a través de la obra de Goya se entresacan tres niveles de tratamiento arquitectónico: los fondos neutrales generales, la definición paisajística y la definición de arquitecturas...

Es en los murales de la capilla de la Cartuja de Aula Dei, ubicada a 13 kilómetros de Zaragoza, donde vemos que la relevancia de los fondos es tan intensa como parámetro compositivo que definen figurativamente los temas con tanto nivel como los propios personajes protagonistas, «convirtiendo estas composiciones en algo realmente singular, aproximándolas al tercer nivel, al de definición arquitectónica», concluye Usón.

Tan singular como la obra que aquí presentamos, una completísima investigación que arroja luz sobre una de las figuras más relevantes del arte moderno, famoso por sus pinturas, sus grabados y, ahora también, por sus inspiraciones arquitectónicas.

"Goya fue un creador que vivió al límite, un genio, una máquina"

Ricardo Usón (Zaragoza, 1957) terminó su carrera de arquitectura en 1980, en una época en que "las vanguardias acusaban saturación y cansancio, y se produjo una relectura de la historia de la arquitectura que me llevó hacia el período de la ilustración, de la Revolución Francesa y napoleónica". Y eso lo condujo a la figura de Goya, "poco valorado en algunos aspectos entonces" y a un proyecto fronterizo: una tesis doctoral sobre La arquitectura en la obra de Francisco de Goya. Se la presentó al filósofo y arquitecto Solá-Morales, experto, además, en Rehabilitación de edificios.

Y así nació su libro Fantasía y razón (Abada), ¿no?

Este es un libro de estética, un trabajo intelectual y reflexivo de datos históricos y de obras. Conté con el apoyo de Juan Antonio Ramírez, especialista en la arquitectura pintada, en la ciudad ideal y la ciudad celestial, y en arquitectura y cine. Fue decisivo para entender la arquitectura dentro del trabajo del pintor. Y conté con la colaboración de Caros Sambricio, el máximo experto en la arquitectura de la ilustración en Europa.

También le ayudó un arquitecto...

El arquitecto José Manuel Pérez Latorre, un hombre brillante y cultivado que me cedió los primeros libros del tema. Posee álbumes de arquitectura y me dio muchas pistas con materiales de primera mano.

¿Cuáles fueron sus pasos, cómo define a Goya?

Hay muchos detalles curiosos: pienso por ejemplo en las pinturas de la Cartuja de Aula Dei. Son poco conocidas y muy importantes. Son las primeras que hace Goya en un momento en que el artista estaba sometido a imposiciones: él fue un rebelde y un avanzado en todos los ámbitos. Ahí hizo una construcción arquitectónica importante.

¿Quiere decir que a Goya le importaba la arquitectura?

Yo creo que no. A Goya le interesaba el hombre, sobre todo. Le importaba la técnica y la expresión de los sentimientos. Lo pasó mal con Los caprichos, que podían dar pie a segundas lecturas y a enojosas preguntas. No era un paisajista, no le gustaba sacar las cosas decoradas, los fondos casi siempre los hacía poco definidos. Goya era moderno y romántico porque trabajaba el concepto figurativo como un argumento central de la obra. Era un rompedor, una máquina y un genio que fabricaba muchas cosas y sorpresas.

Volvamos al contenido de su libro y a los proyectos de Goya.

Goya nos legó unos dibujitos. Pienso en el Proyecto de Monumento: realizó un dibujo pequeño, lo llevó a diversos lugares, no se sabe muy bien a santo de qué, con sus notas de escalas y todo. Tiene un parentesco con un cierto revival egipcio y la reproducción de la antigüedad.

Hablemos de la La pirámide, que, en su primer plano, evoca La pradera de San Isidro.

Pertenece a esa colección de dibujitos. Es impresionante, está situada en las afueras de la ciudad, con su explanada, sus carrozas, el ambiente lúdico. Goya sentía una obsesión por bóvedas y arcos que reflejaban tensiones que ayudaban a entender la faceta monstruosa o epopéyica de sus obras. Y también dibujó el Proyecto mausoleo Duquesa de Alba, que está vinculado a la idea romántica de lo colosal, la antigüedad, lo mágico, de la ilustración. Goya era un hombre de su tiempo, vivía y bebía de un contexto cultural, proyectó monumentos. Poseía una gran biblioteca y no era un matraco, sino un personaje de un nivel muy alto. Un creador que vivió al límite: ni debía dormir.

¿En qué consiste el concepto espacial de Goya?

Goya supera el espacio tectónico para pasar al espacio que yo llamo psicológico o espacio contemporáneo. Crea un nuevo espacio en el que falta poco para que no haya nada y a la vez es rico, con formas muy avanzadas, surrealistas o expresionistas, que lo vinculan con el mundo contemporáneo. Goya convivió con David o los neoclásicos, y son como la noche y el día. Va por otro camino. Lo reivindicaron Delacroix y Gericault, que son quienes primero lo descubren y lo ensalzan.

 

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