Los toros en tiempos de Goya. Burladero

07 May 2010

Se acerca una de las fechas más importantes en el calendario taurino madrileño como es el 2 de mayo.

Ese día se celebra el levantamiento de las clases populares de Madrid contra el ocupante tolerado (por indiferencia, miedo o interés) por gran cantidad de miembros de la Administración de esos momentos. Fue una época convulsa y en la que la Tauromaquia comenzaba a afianzarse como un espectáculo popular y de masas. Fue un genial pintor quien retrató como nadie ambos aspectos de la historia española: Francisco de Goya y Lucientes. Pero ¿qué ocurría por aquella época en torno al toro?...

El 28 de octubre de 1816, en plena posguerra napoleónica, el Diario de Madrid anunciaba la aparición de una "Colección de estampas y grabados al agua fuerte por Francisco de Goya, pintor de cámara de S.M. en que se representan diversas suertes de toros y lances ocurridos con motivo de estas funciones en nuestras plazas, dándose en la serie de las estampas una idea de los principios, progresos y estado actual de dichas fiestas en España, que sin explicación se manifiesta por la sola vista de ellas. Véndese en el almacén de estampas, Calle Mayor, frente a la casa del Excmo. Sr, Conde de Oñate a 10 reales cada una sueltas y a 300 cada juego, que se compone de 33".

Así aparecía el anuncio de la Gaceta de Madrid el 31 de diciembre de 1816, de la que pronto sería conocida como La Tauromaquia de Goya por antonomasia.

Como dice el historiador Álvaro Martínez Novillo, Goya fue testigo de la consolidación del moderno arte de torear a pie de las grandes figuras de lidiadores y de cómo a partir de la segunda mitad del siglo XVIII comienzan a edificarse plazas de toros estables en diversas ciudades españolas como Madrid, Zaragoza, Cádiz, Sevilla y Aranjuez. También Goya conoció, primero por referencias y luego directamente, las grandes canteras de toreros. La navarro-aragonesa con figuras como El Estudiante de Falces, Juanito Apañaní y Martincho, cuyas hazañas en el ruedo, de resonancias circenses, inspirarán algunas estampas de la Tauromaquia. Y la andaluza con dos troncos, el sevillano, de donde proceden diestros como Joaquín Rodríguez "Costillares" o Pepillo Delgado "Pepe-Hillo", y el rondeño, solar de la familia Romero, cuyos vástagos más famosos fueron Pedro y José. El artista aragonés, se manifestó siempre como gran apasionado por la destreza y calidad humana de Pedro Romero.

De las corridas de la época tenemos testimonios excepcionales de don Nicolás Fernández de Moratín, quien nos explica como el Marqués de la Ensenada trajo a Madrid cuadrillas de navarros y andaluces para que hicieran competencia. Entre ellos se distinguió Juan Romero. Curioso es como en esta época se veía la muerte de un toro, y su evolución, porque según Moratín "algunos años ha, con tal de que un hombre matase a un toro, no se reparaba de que fuese de cuatro a seis estocadas, ni que fuesen altas o bajas, ni que le despaldillase o le degollase...Pero hoy ha llegado tanto la delicadeza que parece que se va a hacer una sangría a una dama y no a matar de una estocada a una fiera tan espantosa".

Con estos antecedentes no es extraño el extraordinario éxito que conocieron las corridas de toros en tiempos de Goya. Como dijo Ortega y Gasset: "Pocas cosas en todo lo largo de la historia han apasionado tanto y han hecho tan feliz a nuestra nación como esta fiesta en la media centuria a la que nos referimos".

En estos tiempos había, por supuesto, detractores como los partidarios de las luces, quienes la veían sangrientas, antieconómicas impropias de un país "civilizado" y contraproducente para la ilustración de un pueblo. Pero curioso es también que en aquella época, la Tauromaquia, despertaba admiración ya en gentes extranjeras como J.J. Rosseau quien ponía de ejemplo las corridas en sus recomendaciones al conde Wielhorki para la regeneración del Gobierno de Polonia de 1772 diciendo cosas como que "Así, las corridas de toros han contribuido a mantener el vigor de la nación española como teatros de honor y emulación".

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