El Museo de Zaragoza reabre las salas de Antigüedad y Gótico y Renacimiento. Heraldo de Aragón

02 Jul 2010

Desde este viernes, los visitantes podrán contemplar desde piezas prehistóricas hasta obras adquiridas recientemente por Cultura.El Museo de Zaragoza recupera dos espacios dedicados a la Antigüedad y al Gótico y Renacimiento, donde se podrán contemplar desde piezas prehistóricas hasta la tabla de San Blas, del taller de Martín Bernat, adquirida recientemente por el Ministerio de Cultura.

Estos nuevos espacios se unen a la reapertura la semana pasada de la Sección de Etnología del parque Primo de Rivera y complementan la oferta de la exposición permanente, tal y como ha informado el Gobierno aragonés en un comunicado.

En la sección de Antigüedad se exponen un total de 203 piezas, una selección del patrimonio más significativo del museo que ha sido restaurado, divididas en Prehistoria, Protohistoria, las Primeras culturas históricas e Hispanorromanos.

Entre las obras del apartado de Prehistoria sobresale el primer bifaz aragonés (Cauvaca), el ajuar neolítico de Mequinenza y la estela funeraria de Luna con la más antigua representación en Aragón de un instrumento musical, además del vaso campaniforme de Mallén.

La parte de la Protohistoria se dedica a la cultura de las poblaciones del Bronce Final, estimuladas además por el influjo colonial mediterráneo (fenicios y griegos), caracterizado por el conocimiento del hierro que se difunde a partir del siglo VII antes de Cristo.

Se iniciarán también las culturas protoibéricas o ibéricas y celtibéricas antiguas (Primera Edad del Hierro o Hierro I), de cerca de 600 años antes de Cristo, con cerámicas acanaladas y excisas del Cabezo de Monleón (Caspe) y cerámicas del Cabezo de la Cruz (Morillo), hasta ahora no contempladas.

Sobresale el gran vaso ceremonial (kernos) del Cabezo de Monleón y dos maquetas de casas de la época.

En las Primeras culturas históricas se muestran, entre otras piezas, Kalathos de la cierva atacada por lobos, ibérico, de Azuara; vaso ibérico con pareja humana vista de frente, de Oliete (Teruel); Cabeza-trofeo de Durón de Belmonte y los tres bronces escritos (en signario ibérico y latino) de Kontrebia Belaiska (Botorrita), así como una selección de cerámicas y monedas.

Y en cuanto a los Hispanorromanos, destacan la cerámica de barniz negro itálica, la Dama en bronce y el pendiente de oro de la Corona de Fuentes de Ebro; lápida honorífica de Rivas; miliario de Castejón de Valdejasa; un áureo de Augusto de extraordinaria conservación y arte, y los canceles hispanovisigodos de la Villa Fortunatus de Fraga y el mozárabe de la Plaza del Pilar de Zaragoza (s. XI).

En cuanto al nuevo espacio de Gótico y Renacimiento, el Museo ofrece 76 piezas algunas de las cuales formaron parte de la exposición de "El esplendor del Renacimiento en Aragón", clausurada recientemente.

En el apartado de Gótico, la gran novedad es la incorporación de la tabla de San Blas, del taller de Martín Bernat (documentada en Zaragoza 1450-1505).

Adquirida recientemente por el Ministerio de Cultura, obedece al modelo de Santo Domingo de Silos de Daroca creado por Bermejo, durante su etapa aragonesa y popularizado por Bernat y su taller en el último cuarto del siglo XV.

Entre otras se pueden ver también la emblemática tabla de La Virgen del Arzobispo Mur de Blasco de Grañén o el banco del retablo de la parroquial de Blesa, obra de Miguel Jiménez y Martín Bernat.

Otro bello exponente de la escultura de este periodo es el Ángel Custodio de la ciudad de Zaragoza realizado por Pere Joan.

En cuanto al primer Renacimiento, se pueden ver esculturas como la Losa sepulcral del canónigo Agustín Pérez de Oliván, la figura del Ángel Tenente con escudo de Carlos V o una selección de piezas de Damián Forment, unos de los máximos escultores de ese periodo y autor del retablo del altar mayor de la basílica del Pilar.

Otro ejemplo singular es el Retablo de San José, temple sobre sarga, que tras muchos años vuelve a las salas del Museo.

También destacan en este apartado, expuestas por primera vez, una pequeña muestra de estampas de Marcantonio Raimondi, uno de los primeros impresores de grabados en serie que supo como nadie reproducir las series xilográficas de Durero.

 

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