Cronista de todas las guerras. Talcualdigital.com

23 Aug 2010

Un día se me apareció Francisco de Goya y Lucientes con una cámara Leica en sus manos. Lo sé, se interpone un ligero detalle: cuando Goya falleció en 1828 faltaban 85 años para que se construyera la primera cámara Leica. Estábamos en el Centro Atlántico de Arte Moderno de Gran Canaria, en una exposición titulada "Goya, cronista de todas las guerras". Aunque usted no lo crea allí estaba este sordo como una tapia, por cierto muy parecido a Francisco Rabal, declarándome que la invasión napoleónica a España fue el hito que lo hizo autodescubrirse como cronista, y de paso, descubrir el oficio para la Historia, incluyendo esta cotidianidad que llamamos Venezuela.

Sus grabados revelan su entusiasmo ante las nuevas herramientas de expresión: el uso de la litografía, por ejemplo, técnica inventada en 1796. Las estampas de Goya en esas litografías, en esos grabados, contienen una anticipación de la visión fotográfica, al adelantar el lenguaje de la instantánea con recursos plásticos que anuncian la estética del fotoperiodismo. Fue crónica lo que hizo. Fue denuncia sin precedentes porque hasta entonces las pinturas de guerra habían sido para festejar el heroísmo de víctimas y victimarios, el festín de la matazón. Goya denuncia para que la Historia y la Humanidad miren, estudien y juzguen los hechos. Para que aprendan de esos rostros deformados por el padecimiento. Su serie "Los desastres de la guerra" ha quedado para siempre en carne viva, desnuda aquella realidad de florituras patrioteras. Rostros del padecimiento hoy vigentes, que podríamos colocar en la misma vitrina, en el mismo muro, al lado de estas viudas de Petare y Catia que cada día son legión.

A todas éstas, y para quienes tengan dudas acerca de la pertinencia de la foto aparecida el viernes pasado en El Nacional, cabe recordar a un heredero de Goya, Robert Capa: "Una causa sin imágenes no es solamente una causa ignorada. Es una causa perdida".

SOBRE GERDA TARO

¿Quién es la primera fotógrafa muerta en un frente de combate? Su nombre, hasta no hace mucho, apenas se conocía pues únicamente figuraba en la biografía de Robert Capa como la bella joven que lo enamoró. Gerda Taro era una estudiante antifascista alemana de 20 años. Será el mejor de los compañeros de reportaje para Capa y morirá en el frente de Brunete, en España, aplastada accidentalmente por un tanque republicano. Su primer libro, Death in the making, reporte sobre la guerra antifranquista, está firmado por Capa y Taro.

Fernando Olmeda cuenta que llega destrozada, tras caer bajo la oruga del tanque, pero todavía con vida a un hospital administrado por ingleses. Es operada sin anestesia pero el equipo médico poco puede hacer por ella. Según testigos, Gerda fuma rabiosamente un cigarrillo durante la operación. Lo único que ha dicho es: "¿Están bien mis cámaras? Son nuevas. ¿están bien?" Dice Jean Lacouture, biógrafo de Capa, que el fotógrafo se enfrenta a exigencias más imperiosas que el escritor. Su estar allí, ley suprema del reportero, es más tiránico, más devorador que el de quienes escriben. Más cerca, siempre más cerca. Esa es la consigna de todo reportero de guerra. Cerca, cada vez más cerca, el venezolano Leonardo Noguera estuvo allí y trajo a su propio miliciano, reencarnado policía y asesinado en cualquier esquina de Petare, a quien apenas se le puede observar una mano. No hacía falta más. Su novia llora sobre su cadáver. ¿Podría ser esto, ahora también, objeto de censura por parte de algún diligente juez revolucionario? Más cerca, siempre más cerca, aprovechando el instante en que las puertas de la morgue se abren para dar paso, apenas en un aliento del obturador, a la visión fugaz de una sala llena de cadáveres que a partir de entonces habrá de ser el símbolo de un país en guerra, sin ley y sin esperanzas, dejado al garete por los estúpidos poderosos.

Alex Delgado y Francisco de Goya y Lucientes se parecen demasiado, saltando por encima de los siglos y de las herramientas.

 

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