Manuela Mena: “Goya presenta al ser humano tal y como es”

Tras su reciente nombramiento como patrona de mérito de la Fundación Goya en Aragón, conversamos con Manuela Mena, una de las mayores especialistas del mundo en la obra de Goya.

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12 Feb 2020

Manuela Mena, tras su reciente nombramiento como patrona de mérito de la FGA.

Manuela B. Mena Marqués, natural de Madrid, ha desempeñado durante casi veinte años el cargo de jefa de Conservación de Pintura del siglo XVIII y Goya en Museo Nacional del Prado, y está considerada una de las mayores especialistas mundiales en el pintor aragonés. Doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense, se especializó en el campo del dibujo y la pintura italiana del siglo XVII. Tras dedicarse a la docencia en la Universidad Autónoma de Madrid, en 1981 obtuvo, por oposición, la plaza de conservadora de Dibujos y Estampas del Museo del Prado, donde también ejerció como subdirectora general de Conservación e Investigación, de 1981 a 1996, y vocal de su Patronato, de 1991 a 1996.

Hasta el 16 de febrero se puede visitar, su último proyecto, la gran exposición “Goya. Dibujos. Solo la voluntad me sobra”, que ha comisariado junto a José Manuel Matilla —jefe de Conservación del departamento de Dibujos y Estampas—, y que ha cerrado los actos conmemorativos del bicentenario del Prado.

El pasado diciembre fuiste nombrada patrona de mérito de la Fundación Goya en Aragón, ¿cómo recibiste la noticia?

Para alguien que ha trabajado tantos años sobre Goya y tratándose, además, de un artista aragonés, pues, realmente, lo considero un honor. Me gustaría hacer algo por él de lo cual estuviera orgulloso.

Siendo una de las mayores especialistas en el mundo sobre Goya, ¿hacia qué líneas de trabajo consideras que debería enfocarse la FGA?

El futuro no de Goya, sino de cualquier artista, viniendo por parte de los historiadores, ha de ser aclarar, limpiar, y dar esplendor a su figura; es decir, alcanzar la verdad histórica. Aunque es imposible conocer a un artista de esa dimensión y grandeza en todos sus detalles, el objetivo sí sería ponerle en el sitio en el que están otros artistas.

Tras trabajar casi cuarenta años en el Museo Nacional del Prado, veinte de ellos como jefa de Conservación de Pintura del siglo XVIII y Goya, te has jubilado recientemente. ¿Cómo ha cambiado la visión, el conocimiento, sobre Goya durante todo ese tiempo?

La visión sobre Goya ha cambiado. Ha habido muchas personas que han trabajado mucho sobre él, dentro y fuera del Museo del Prado, y en una línea correcta. Pero es cierto que dentro del Prado, trabajar en equipo a lo largo de mucho tiempo genera un conocimiento que es imposible adquirir de otra forma. Además, la gran variedad y cantidad de obras de Goya que hay en el museo, junto a todas las que han pasado a lo largo de los años en exposiciones temporales, ha supuesto que la visión y el conocimiento del Prado sobre Goya esté ahora mismo en una situación muy difícil de alcanzar en otros lugares. Y se ha de seguir este camino. El Museo del Prado no es una institución amurallada, está abierto a todos, sus obras y su conocimiento.

Y, a pesar de todo ese trabajo, todavía existen muchas leyendas en torno a Goya…

Las leyendas deben de tener un atractivo especial para el ser humano, porque hay algunas que son imposibles de desterrar. Solo se puede luchar contra ellas repitiendo la verdad. El trabajo está ahí, publicado en muchísimos catálogos de exposiciones, libros, conferencias... A lo mejor la generación actual todavía no lo sabe, o no lo admite, pero tengo una confianza enorme en los jóvenes. Ellos son los que en un futuro discernirán perfectamente entre la leyenda y la historia.

Es curioso, porque a Goya, como gran defensor de la razón, no creo que le hiciera ninguna gracia ser objeto de leyendas y elucubraciones.

Exacto, era un hombre con una cabeza excepcional, que había visto muchísimo y mucho mundo también. No era un analfabeto o un inculto, como dicen precisamente algunas leyendas. Goya había leído, estaba enterado de todo, y era amigo y se codeaba con lo más elevado de la sociedad de su momento. Haber viajado a Italia, estar allí dos años, y haber vuelto, es enorme. Su obra nos da idea de todo lo que había observado.

¿Qué es Goya para el Museo del Prado?

Es el artista cuya obra es la más rica del Prado, son casi 150 obras, 500 dibujos y una gran parte de la correspondencia con Zapater, las estampas, la documentación científica… Casi se podría decir que es un museo dentro del museo. Es un tema delicado y que ha sido debatido por anteriores directores del museo, como Xavier de Salas o Alfonso Pérez Sánchez, que pensaron que, dentro del campus Prado, Goya podría salir y tener un edificio propio. Personalmente, siempre he creído que está mejor dentro. De esta manera resulta más fácil de comprender, ya que así es posible apreciar la unión entre el pasado, Goya y el futuro.

Has comisariado, junto a José Manuel Matilla, la gran exposición “Solo la voluntad me sobra”, que por primera vez reúne más de 300 dibujos de Goya. ¿Dentro de los objetivos de esta muestra también estaría reivindicar el valor del dibujo, en otros tiempos minusvalorado?

Mi especialidad es el dibujo y, cuando comencé mi tesis, era dificilísimo encontrar a alguien aquí que lo estudiara. Se conserva mucho menos dibujo español, y en peor estado, porque no había coleccionistas de dibujo como en Italia, Inglaterra, Francia o, incluso, Alemania. Por lo que es casi un milagro que se hayan conservado cerca de mil dibujos de Goya. Entonces, sí, por un lado, es una reivindicación de la importancia del dibujo. Y, por otro, aunque en el caso de Goya creo que la gente sabe que era un dibujante excepcional, siempre es bueno centrar otra vez la atención en el dibujo, ya que por motivos de conservación son obras que no pueden estar expuestas continuamente.

¿Qué destacarías de la exposición?

De toda la exposición aconsejaría visitar a fondo la zona central, que es como un corazón, y que mi compañero José Manuel Matilla y yo hemos puesto así aposta. Allí se expone el Cuaderno C, que el Prado conserva casi al completo. En él se puede ir viendo cómo la mente de este artista, de una página a la siguiente, es capaz de cambiar, de inventar, de crear todas posibilidades de los personajes que analiza, hombres, mujeres, niños, monjes, condenados a muerte... Es realmente una locura.

¿Qué podemos hallar en sus dibujos que no encontraremos en el resto de su obra?

Es uno de los artistas más perfeccionistas, más exquisitos en la técnica, más económicos, no necesitaba más que una pincelada perfecta para definirlo todo. Y en el dibujo es lo mismo. Ver los dibujos de cerca, es ver cómo te miran sus personajes, sus expresiones, a veces exageradas —expresionistas—, y otras muy reales. Pero además, los dibujos eran en cierto modo su secreto, porque muchos de ellos en la época en la que los hizo no podía ponerlos a la vista de nadie. En otros casos, como los álbumes G y H de Burdeos, no sabemos si, ya tan mayor, quería crear otra serie de “nuevos Caprichos”, o simplemente los realizó pensando que habría alguien que en el futuro entendería lo que estaba haciendo.

Entiendo que, a pesar de los años, no podía dejar de expresarse a través del arte, sería como dejar de hablar…

Sí, Goya no puede dejar de dibujar, pero tampoco de hablar. Es uno de los artistas más impresionantes que existen en el manejo del lenguaje, yo casi lo comparo con Séneca en la brevedad de sus sentencias. “El sueño de la razón produce monstruos”, a ver quién puede escribir con esa concreción y belleza del lenguaje.

A su vez, también en el Prado, la muestra de El Roto reinterpreta con una visión actualizada algunos grabados de Goya. ¿Qué tiene el pintor de Fuendetodos que más de dos siglos después sigue conectando tanto con la actualidad como con muchos artistas de nuestro tiempo?

Goya es un artista al que los artistas contemporáneos todavía consideran como uno de ellos. Cosa que ya no pasa con otros, los admiran, les gustan, pero no existe esa especie de dialéctica que hay entre lo contemporáneo y Goya. Sigue siendo un artista totalmente vivo.

Quizás se deba a que no hemos cambiado tanto, a que Goya era un adelantado a su tiempo o, tal vez, a las dos cosas…

A las dos cosas. Primero, el ser humano, cambia poco. La cultura puede tener variantes, pero lo profundo del ser humano siempre está ahí. Y Goya fue increíble plasmando con universalidad y atemporalidad cómo somos. Me sobrecoge la modernidad de Goya. Cuando lees sus cartas te das cuenta de que era un hombre muy moderno, él personalmente, no solo su arte. Hay una carta que envió desde a Burdeos a Joaquín María Ferrer para que acogiera en París a Rosario Weiss —que pese a lo que digan las leyendas no era su hija—, enseñándole su obra e indicándole que era el asombro de los profesores. Goya quería que una mujer estudiase en París en 1824. Es algo verdaderamente sorprendente.

Después del verano se inaugurará una muestra en el Banco de España, que has comisariado junto a Yolanda Romero, “Goya y los orígenes de la colección Banco de España, 1782-1856”, ¿en qué consistirá?

En uno de sus inicios como artista independiente no vinculado a la Corte, Goya tiene que buscarse la vida, y consigue el apoyo del Banco de San Carlos, posiblemente a través de Floridablanca, o de Jovellanos y Ceán Bermúdez, que estaban relacionados con su creación. De esta manera, el banco le encarga un importante grupo de retratos de sus primeros directores. Por supuesto, en esta exposición los retratos de Goya son muy importantes, pero hay mucho más, documentación interesantísima del banco, de los diseños de los billetes, y del propio Goya, que debió de ser el único artista que puso su dinero en los bonos del Banco de San Carlos; algo excepcional, completamente nuevo.

¿Hay algún otro proyecto sobre la figura de Goya en el que estés inmersa en estos momentos?

En mayo se inaugura una gran exposición sobre Goya en la Fundación Beyeler, en Suiza. El Prado ha tenido un papel importante a través de la Dra. Gudrun Maurer, ahora a cargo de la colección de Goya. Hemos participado, además, en el catálogo, y es importante que exposición se muestre en Centroeuropa. Llevar a Goya a la Beyeler, que se dedica fundamentalmente al arte moderno, ha sido como poner una especie de pica en Flandes, considerándolo así como un artista de gran modernidad. Estamos todos muy contentos.

Y, por último, ¿cuál es el primer recuerdo que tienes sobre Goya?

Mis padres eran muy del Prado, siendo novios ya iban a unas conferencias que organizaba allí la Institución Libre de Enseñanza. Y a mí me llevaron muy pronto, tengo recuerdos desde los 3 años. En una ocasión, al llegar a “Los fusilamientos” no se dieron cuenta de que, por mi altura, la cabeza reventada por un disparo que hay en primer término quedaba justo delante de mis ojos. Esa imagen me produjo pesadillas recurrentes, soñaba con que en cada esquina de mi calle había grupos de muertos como aquel.

Después de aquello, no sé si será tu obra favorita…

Lo he superado, claro. Es una de las grandes obras de Goya, no te explicas cómo es capaz de manejar de esa forma la luz, la técnica, el miedo, la violencia... Es de una brutalidad y de una belleza tremenda. Porque Goya tiene eso, es terrible, presenta al ser humano tal y como es, y al mismo tiempo es una artista supremo, con una imaginación superdotada para el arte.

 

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