Goya en estado puro. ABC

Exposiciones
26 feb 2010

Entre los grandes coleccionistas españoles de la obra de Francisco de Goya, José Lázaro Galdiano merece un lugar de honor. En 1928, y sólo con sus colecciones, conmemoró el primer centenario del fallecimiento del artista con una «Exposición de diversas obras de D. Francisco de Goya, sus precursores y sus contemporáneos».

Entre los grandes coleccionistas españoles de la obra de Francisco de Goya, José Lázaro Galdiano merece un lugar de honor. En 1928, y sólo con sus colecciones, conmemoró el primer centenario del fallecimiento del artista con una «Exposición de diversas obras de D. Francisco de Goya, sus precursores y sus contemporáneos», abierta en la Casa de ABC, verdadero referente cultural del momento. Por primera vez, con espíritu moderno se contextualizaba la obra del maestro entre sus contemporáneos.

Se convirtió en un auténtico hito en el panorama del momento; en su sesenta aniversario se renovó el compromiso entre los herederos de ambos patrimonios: la Fundación Lázaro Galdiano y el diario ABC, haciendo realidad la sala dedicada a «Goya y sus contemporáneos» que se puede disfrutar actualmente en el museo.

«CASO GOYA»

En la Fundación Lázaro Galdiano se conserva el borrador del memorial que remitió Francisco de Goya a la Junta de la Nueva Fábrica del Pilar de Zaragoza, redactado entre el 11 y 17 de marzo de 1781, cuando los miembros de la Junta criticaron sus pinturas, negándose a aprobar los bocetos y obligándole a someterse al dictamen de su cuñado, Francisco Bayeu. Ese texto es el trasunto de la vídeo-instalación de Montserrat Soto y Áurea Martínez: «Dato primitivo 4.1781: Caso Goya», una obra que nos muestra a Goya en estado puro, lejos de las construcciones de historiadores, literatos o cineastas, sin más mediación que el diálogo íntimo entre artistas. Sin duda, esta relación es la que ha hecho posible que le sea devuelta la voz al aragonés con toda su fuerza vital y su violenta pasión profesional.

Encontrarán a un Goya que ni por asomo se lo pueden imaginar, pero de una veracidad extrema. Aquí debemos hacer entonces la advertencia para que el visitante no se sienta ofendido y sea capaz de sobreponerse al primer impacto: Goya era un mal hablado. Su correspondencia personal está plagada de palabras y expresiones malsonantes, entre otras razones porque las normas del decoro dieciochescas no eran las mismas que las actuales, aunque también es cierto que en los medios de comunicación hoy en día cada vez se cuida menos este aspecto y a veces no es posible atender al contenido porque repele la forma.

EL REBELDE

Entre los grandes méritos de Soto y Martínez se encuentra que se hayan sumergido en el mundo de Goya, desprendiéndose de sí mismas. Es decir, han puesto en sordina su propia personalidad para cedérsela a Goya. Y así, de manera directa y con la empatía de aquel que se reconoce en el otro, nos muestran al desnudo esa realidad «energuménica» que tanto repelía a Ortega y Gasset, pero que es consustancial a Goya, a pesar de que nunca se hizo visible -la pausada transformación del borrador en un documento casi formulario es la acción que se desarrolla-; tengamos en cuenta que tampoco encontramos ese Goya en la leyenda que se construyó en torno a él y le convirtió en un «rebelde» capaz de reírse de los poderosos y dar voz a los miserables.

Hablamos, por tanto, de un Goya que siempre ha tenido dificultades para llegar al público, de un Goya que vivía en interiores austeros y se iluminaba por la noche con velas -y éste es otro de los grandes aciertos: el diálogo que se ha establecido con la realidad visual dieciochesca, lejos del brillo y el dorado de los palacios-; un Goya encendido de rabia y herido en su orgullo, que quiere expresar su indignación y su dolor, convencido de su grandeza y originalidad. Hoy que tan turbias van las aguas sobre su obra, y se le pretende negar la capacidad creativa e innovadora que siempre demostró y que precisamente reclama en esta obra -efectivamente estoy pensando en el descomunal Coloso, el entrañable Marianito apasionado por la música, las angustiosas Pinturas Negras, y la apacible Lechera de Burdeos-, no se pierdan la vídeo instalación. Soto y Martínez nos ofrecen de viva voz al genio creador; la imagen desgarrada de Goya, de ese Goya que con desesperación afirmaba que «El pretender que se comuniquen los entendimientos es quimera: jamás puede concebirse por dos una misma cosa. La fuerza de la imaginación sólo la explica el pintor con la ejecución y en cediendo la mano a aquella ha logrado el efecto y consigue el fruto de su estudio mental. Esto se llama ser original en sus obras y de otra forma copiador o mercenario».

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