El valenciano que salvó el genio de Goya. El Levante.com

Exposiciones
01 mar 2010

Las 14 Pinturas Negras de Goya se muestran hoy en una de las salas más concurridas del Museo del Prado. Títulos como «Duelo a garrotazos», «Saturno devorando a un hijo» o «Aquelarre o el Gran Cabrón» se han quedado grabadas en la retina de los visitantes de de la primera pinacoteca nacional. Sin embargo, ninguna de estas obras maestras asombraría al mundo de no ser por el pintor valenciano Salvador Martínez Cubells, del que este año se cumplen 165 años de su nacimiento.

 

Martínez Cubells, que en 1869 ganó por oposición la primera plaza de restaurador que creaba el Prado, fue el elegido para pasar a lienzo las pinturas al óleo que Goya había plasmado sobre los muros de su casa de campo a orillas del Manzanares, la desaparecida Quinta del Sordo.

En estas pinturas, en las que el genio de Fuendetodos dio rienda suelta a su imaginación, se «anticipa el expresionismo y la modernidad con 100 años de adelanto», según explica el vicerrector de Cultura de la Universitat de Valencia y profesor de Historia del Arte, Rafael Gil. De ahí que los historiadores hablen de ella como la «Capilla Sixtina de la pintura moderna».

El restaurador valenciano extrajo estas pinturas murales de gran formato por encargo de un banquero belga afincado en París, el barón Frédéric Émile d´Erlanger, quien en 1873 había comprado la Quinta del Sordo. Pensaba vender en la Ciudad de la Luz las últimas obras que Goya había pintado en España ocho años antes de morir en Burdeos el 16 de abril de 1828.

El pintor e historiador del arte madrileño Agustín Benito Oterino ha analizado en su tesis doctoral la disposición de las Pinturas Negras en el espacio original en que las creó Goya entre 1819 y 1823. Cuenta que los planes del barón d´Erlanger se desvanecieron al no llamar estas obras la atención de la adinerada burguesía parisina. Y eso a pesar de que había buscado el mejor escaparate posible, el palacio del Trocadero durante Exposición Universal de 1878.

«MUY AVANZADAS PARA LA ÉPOCA»

«No tuvieron ningún éxito porque eran unas obras muy avanzadas para la época, y el barón donó la serie completa al Prado, que las tuvo 16 años olvidadas en sus sótanos», apunta Benito Oterino.

Hoy en día, en que los criterios de restauración de las obras de arte de mínima intervención y de reversibilidad son totalmente distintos a los de la época de Martínez Cubells, se cuestiona el trabajo del pintor valenciano en la Quinta del Sordo.

«Ahora sería impensable que un monumento así no estuviera protegido, y tampoco se pasaría una obra de un soporte rígido como es un muro a otro plástico, porque genera problemas de pérdida de pintura y de grietas», añade.

Martínez Cubells dispuso un papel de seda japones sobre estas obras y luego fijó la pintura a éste con una cola natural. A continuación arrancó la capa pictórica y la de preparación de la pared, para luego ir rebajando esta segunda con el fin de pegar el «negativo» de la pintura al lienzo y así poder tener de nuevo el «positivo» de la pintura.

Durante este proceso, cuenta el el historiador madrileño, se perdió parte de la obra original. «Entonces no había un concepto tan purista de la intervención del restaurador, por lo que Martínez Cubells incidió sobre la pincelada de Goya, cosa que ahora no se haría jamás».

Gil insiste en la misma idea: «Con el traslado a lienzo se cambió de soporte, de espacio y de medidas, ya que se recortaron los laterales de algunos murales, y además se retocaron, con lo que el resultado de la extracción fue una obra nueva». Sin embargo, todos coinciden que era lo único que se podía hacer en aquella época para salvar estas sombrías y desesperadas pinturas en las que Goya mostró su verdadero genio.

DE "BOHEMIO" A PINCEL DE CÁMARA DE LA ARISTÓCRATA

Salvador Martínez Cubells, hijo del conserje del Museo de la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, vino al mundo en la ciudad del Turia el 9 de noviembre de 1845. Criado entre cuadros, aprendió de su padre, que también restauraba las obras de esta pinacoteca, la maestría que le llevaría a dirigir durante 26 años el taller de restauración del Prado.

Pero eso vendría después de un comienzo difícil como pintor "bohemio" en Madrid, según que recoge el diario ABC en 1894. Entonces ya se había convertido en el retratista de moda de la capital "Muchísimas damas de nuestra más linajuda aristocracia, y la mayoría de las notabilidades del foro, la milicia, la banca y la política han desfilado por el taller de Martínez Cubells", que firmó más de 500 retratos.

Veinticinco años antes, pero, cuando llegó a Madrid en busca de fama y fortuna con sus compañeros de la Academia de Valencia, Antonio Muñoz Degraín y Francisco Domingo Marqués, tenían tan poco dinero que "cuando iban al Teatro Real turnaban cada acto en el disfrute de la localidad, porque la bolsa de los tres no llegaba sino para una sola entrada de paraíso", el gallinero de la cuarta planta, que costaba 1,60 pesetas.

Las estrecheces quedaron atrás ante el éxito de sus pinturas de temática histórica y su fama de restaurador. Falleció en Madrid el 21 de enero de 1914 como una "gloria de la escuela valenciana".

 

 

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