A la venta, el último retrato que Goya pintó de su nieto antes de morir. ABC.es

Citas en medios Goya
28 ene 2013

El cuadro, que pertenece a la colección del magnate George Embiricos, saldrá a subasta el jueves en Sotheby's de Nueva York. Su precio estimado: entre 6 y 8 millones de dólares

 

Goya le adoraba. Sentía un inmenso amor por su nieto Mariano, único hijo de Javier Goya y Gumersinda Goicoechea, nacido en Madrid el 11 de julio de 1806. Buena prueba de ello es que siempre se preocupó por dejarle en una buena situación económica. En 1823 le donó la Quinta del Sordo, casa a la afueras de Madrid donde el aragonés inmortalizó sus célebres pinturas negras. Además, le dejó una renta anual de 12.000 reales. A los 21 años, Mariano Goya, un joven guapo y elegante, posaba para su abuelo por tercera y última vez.

Madrid, verano de 1827. A sus 81 años, un enfermo Francisco de Goya abandonaba temporalmente su exilio en Burdeos. Fue un duro viaje para él. Lo hizo acompañado por su amigo Juan Bautista de Muguiro, a quien pintó ese año en un retrato que se halla en el Prado. Pero, sabedor de que el tiempo se le escapaba, el principal objetivo de ese viaje a la capital era hacer un último retrato de su querido nieto.

Dedicatoria en el reverso

Dicho retrato (un óleo sobre lienzo de 52 x 41,2 centímetros), uno de los últimos que pintó en su vida, presenta una inscripción en el reverso: «Goya a su nieto en 1827 a los 81 años de edad». En él, Mariano mira franco y directo. Tiene cierto aire romántico. Posa vestido muy elegantemente (traje negro, camisa blanca y un pañuelo negro alrededor de su cuello). Su porte es distinguido. En su mejilla izquierda se advierte una cicatriz.

Se sabe que en 1823 el cuadro ya no está en manos de Mariano Goya, sino de Eduardo Cano. Posteriormente, perteneció a Manuel Ussel, Manuel de Urzaiz y posiblemente a D. Zubina. El retrato estaba en Sevilla. A partir de entonces sale de España. El magnate griego George Embiricos lo adquiere en 1954 a Knoedler & Co de Nueva York. Pero, tras su muerte en 2011, sus herederos sacan ahora a la venta su legado. El próximo jueves una de las joyas de la Colección Embiricos, el retrato de Mariano Goya pintado por su abuelo, sale a subasta en la sala Sotheby's de Nueva York. Su precio estimado oscila entre 6 y 8 millones de dólares.

Tan solo siete meses después de terminar este retrato, en abril de 1828, Goya muere en Burdeos. Estuvieron presentes Mariano Goya y su madre. Su padre llegaría tarde. El pintor nunca supo, afortunadamente, lo irresponsable que acabó siendo su amado nieto. Nunca estuvo a la altura de su abuelo. Despilfarró la herencia que con tanto amor éste le había legado. La familia acabó deshaciéndose de todas las obras de Goya que estaban en su poder.

Sin profesión reconocida

Según cuenta Manuela Mena en el catálogo de «Goya en tiempos de guerra», «Mariano no tuvo profesión reconocida. Se dedicó a negocios de minas, algunos relacionados con banqueros y agentes extranjeros. Compró, entre 1842 y 1847, tierras y otros bienes en las provincias de Ávila, Segovia y Toledo». Su afán por triunfar socialmente -heredó la ostentación de que hacían gala sus padres- le llevó incluso a adquirir un título nobiliario, el de marqués del Espinar. Era un gran aficionado a la música. En el segundo de los retratos que le hizo su abuelo, el de la colección del duque de Alburquerque, Marianito posa con una partitura musical en su mano derecha.

Se casó en dos ocasiones: primero, en 1830, con Concepción Mariategui, hija de un arquitecto. Se cree que tuvieron una hija. Tras quedar viudo, Mariano volvió a casarse con Francisca Vildasola hacia 1860. Tuvieron dos hijas: Luisa y Francisca.

Posó por primera vez para su abuelo a los 4 años

Con tan solo cuatro años fue inmortalizado por su abuelo en un precioso retrato que se halla en una colección particular, al parecer suiza. Pintado hacia 1810, pasó de manos de Javier, hijo de Goya, al propio retratado, su nieto Mariano. Sería el primero de los tres retratos que le hizo. Manuela Mena, jefa de Conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya del Prado, incluyó este cuadro en la exposición «Goya en tiempos de guerra», que se celebró en el museo en 2008.

Este óleo sobre lienzo (113 x 78 centímetros) salió de la familia Goya y pasó a manos de Enrique Crooke hasta que en 1928 lo adquirió el marqués de Larios. egún explica Mena en el catálogo de aquella muestra, «es el único retrato seguro que se conoce de Mariano Goya».

Pintado de cuerpo entero, posiblemente Goya lo hizo para acompañar los retratos que realizaría, también de cuerpo entero, de los padres del niño tras su boda. Mariano, rubio y rollizo, posa elegantemente vestido y tirando con un cordel de un cochecito de juguete. «A su querido nieto lo pintó con exquisito cuidado y atención -explica en el texto la conservadora del Prado-, dando de sí todo lo que podía como artista, en la técnica y en la apasionada captación de su belleza, candor y melancolía».

 

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