Los retratos de Carlos IV y su esposa pintados por Goya, mostrados en Sevilla. Ideal.es

Exposiciones
03 feb 2014

Los dos retratos que la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla le encargó a Goya de Carlos IV y de su esposa María Luisa de Parma, con motivo de la primera visita de los recién coronados reyes a España en 1789, podrán verse en el Museo de Bellas Artes de Sevilla desde hoy y hasta el 30 de marzo.

La directora del museo sevillano, Valme Muñoz, ha destacado hoy que en los archivos de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla queda constancia del encargo efectuado a Francisco de Goya y Lucientes, mientras que el que fue director del Museo del Prado Alfonso Pérez Sánchez consideró ambos retratos "de muy buena calidad".

Los dos cuadros, propiedad de la empresa Altadis, son de los primeros que Goya efectuó al matrimonio real tras su entronización y fueron encargados por la Real Fábrica de Tabacos para que presidieran una arquitectura efímera que se erigió delante de la fachada principal de la fábrica, actual sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla.

"Templo de la Fama" fue el nombre que recibió esta arquitectura efímera, por delante de la cual pasarían los reyes en su recorrido oficial por Sevilla, tras su coronación el 12 de enero de 1789.

Los cuadros debían dar a conocer al pueblo la nueva imagen de la Monarquía, haciendo visibles las insignias y los signos del poder, de ahí que el rey pose con el Toisón de Oro y que tanto él como la reina estén plasmados con las vestimentas y posturas según los formalismos de la época.

El rey, que también luce la gran cruz y banda de la Orden de Carlos III, su padre, de la Orden de San Genaro de Nápoles y la de los Caballeros del Espíritu Santo, viste una casaca roja, mientras que la reina lleva la Cruz Estrellada de Austria y un vestido verde azulado considerado otro ejemplo de la habilidad de Goya para representar los tejidos vaporosos y las joyas, además de las transparencias del tocado, a base de plumas y gasas.

Aunque las fiestas reales no se celebraron en la Corte hasta septiembre de 1789, Sevilla adelantó la celebración a la primavera, alentada por el Cabildo de la Ciudad y con la participación de hermandades, colegios y gremios, según ha explicado Muñoz.

 

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