La sátira de Goya, enfrentada al surrealismo de Dalí. Heraldo.es

Exposiciones
27 ene 2016

La comparación puede verse durante este mes en Logroño en una muestra inédita.

Francisco de Goya fue uno de los padres de la pintura moderna gracias a que dedicó sus últimas obras a interpretar la realidad con sátira, amargura y crítica, y no solo en busca de belleza como el arte anterior, y Dalí dio un giro más, en el surrealismo, en busca de la visión onírica de la realidad.

La comparación entre ambos puede verse durante este mes en Logroño en una muestra inédita que ha logrado reunir varios de los 'Caprichos' que pintó Goya a finales del siglo XVIII, con su visión más descarnada de la realidad, con los "caprichos" que luego creó Dalí para reinterpretar la obra del aragonés.

La muestra, denominada 'Dalí sueña los caprichos de Goya' cuenta con la colección de ochenta heligrabados de Dalí, que ahora pertenecen a la colección 1954, asentada entre México y Suiza y que se ha reunido para esta muestra, una década después de haber sido expuesta en Madrid, Barcelona y la Fundación Dalí.

Pero nunca estos grabados con color, elementos oníricos y figuras irreconocibles se habían confrontado con algunos de los originales de Goya, que están repartidos por colecciones de todo el mundo, y siete de los cuales han sido cedidos por diferentes propietarios para esta ocasión.

Así, el genio original en blanco y negro queda expuesto a su "discípulo y admirador" que los veía "como el origen del arte moderno en general y del surrealismo en particular", ha explicado a Efe la comisaria de la muestra, Dolores Durán.

'Los Caprichos' son una serie de grabados de Francisco de Goya (Fuendetodos. Zaragoza. 1746), realizados entre 1796 y 1799 y centrados en "los vicios y los desaciertos humanos", según él mismo dijo en su tiempo, ya que tratan temas como la vanidad, el sexo, la mentira, la ignorancia y las costumbres de su época, ha recordado la comisaria de la muestra.

Es importante tener en cuenta, ha afirmado, que el pintor aragonés creó esta obra "cuando ya era un hombre maduro, sordo y no estaba en la Corte" con lo que en "Los Caprichos" sacó a la luz sus críticas a quienes le habían apartado del entorno cortesano y a una sociedad de la que cada vez estaba más aislado.

Y como les suele suceder a muchos genios, no fue entendido por quienes compraban arte a finales del siglo XVIII y buscaban principalmente unas representaciones de la belleza que no aparecen por ningún lado en estas obras.

Sí aparecen, de una forma muy particular, la fealdad, las bajas pasiones, la superficialidad o el egoísmo extremo y hasta un autorretrato del propio Goya, que se pintó a sí mismo sin expresión y de medio lado.

"Goya no midió demasiado lo que estaba haciendo y no solo vendió muy pocos grabados sino que enfadó a bastante gente", asegura la comisaria, que explica que el destino final de la colección fue "un regalo al Rey, no porque quisiera hacerle un obsequio al monarca, sino porque tenía miedo a la Inquisición y esa era una forma de evitar males mayores".

 

 

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