Goya y el infante don Luis. masdearte.com

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01 abr 2016

Este retrato de La familia del infante don Luis de Borbón a cargo de Goya, fechado en 1784, no lo tenemos cerca: forma parte de los fondos de la Fundación Magnani-Rocca de Mamiano di Traversetolo. Don Luis, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, fue cardenal hasta que a mediados del s XVIII dejó los hábitos y posteriormente contrajo matrimonio con la noble zaragozana María Teresa Vallabriga. En aquellas circunstancias sus hijos por llegar antecederían a los de Carlos III en la línea sucesoria, así que Don Luis firmó un codicilo para evitarlo.

En Arenas de San Pedro, Don Luis formó una pequeña corte donde tuvo como músico a Boccherini, que formó allí una orquestina con grandes violinistas españoles. También se interesó el infante en Arenas por la botánica y encargó ser retratado, junto con su familia, a un buen número de pintores.

Goya lo conoció por mediación del hermano del secretario de Vallabriga, que a su vez le había sido presentado por Floridablanca. Él aconsejo al infante que invitaran al pintor a ir a Arenas, dado su prestigio como retratista, y Goya vio en ellos una nueva oportunidad de ascenso y enriquecimiento. Así ocurrió, y el aragonés pintó allí varias pinturas y diversos bocetos preparatorios para Don Luis y su familia, que se fecha hacia 1784. Antes de esta obra, algunos pintores menores no habían logrado retratar con acierto a Don Luis, y el único pintor de categoría que trabajaba en Arenas, Luis Paret, no trabajaba los retratos a gran escala.

La del infante Don Luis fue la primera familia retratada por Goya en su carrera, más tarde llegarían la de los Duques de Osuna y la de Carlos IV. Realizó la pieza dotándola de un aire de intimidad. El infante aparece de perfil, jugando a las cartas; a Vallabriga, más joven, la peinan. Los personajes pueden ser identificados, salvo un aya con cofia, un hombre que parece aristócrata, otro con una venda que ríe y mira hacia el espectador y otro que estaría saliendo o entrando de la estancia. Uno de ellos podría ser el citado Boccherini en los últimos años de su vida; fue maestro de capilla par los infantes y después pasó al servicio de los duques de Osuna, muriendo en Madrid. Pero es solo una especulación.

La iluminación parece surgir (es falso que pueda ser así) de una pequeña vela, y Goya se autorretrata en una esquina. La perspectiva en que se sitúa el pintor es engañosa, en su situación no podría realizar la obra tal cual la conocemos y su mirada en diagonal es difícil de interpretar. Está sentado en un pequeño escabel y solo se proyecta su sombra.

En ningún aspecto podemos hablar aquí de perspectiva barroca; aunque alguna vez se hayan establecido paralelismos entre La familia del infante Don Luis y Las Meninas, aquí no hay pervivencia del artificio velazqueño, aunque ambas obras maestras sí tienen en común el autorretrato del autor, la tendencia tenebrista y el ambiente doméstico y familiar, favorecido por la presencia de niños y criados, sobre todo aquí. La obra presenta cierta frontalidad, no hay fisuras que nos hagan pensar en una línea movida o en la citada perspectiva barroca. El eje simétrico absoluto lo constituye la figura de la infanta María Teresa Vallabriga, con paño blanco y peinador, que resalta sobre los colores oscuros del resto de los personajes. El hermano del rey, a su lado de perfil, casi se confunde con los perfiles de sus hijos, Luis y María Teresa. La pequeña María Luisa aparece en brazos.

No hay espacio entre los personajes. Se trata de una composición anómala en el conjunto de la pintura española.

En cuanto al cromatismo, empleó Goya varias tonalidades de rojo que se confunden con la imprimación del cuadro.

Como posible influencia en esta pintura se han mencionado las conversation pieces de William Hogarth, que se fechan en la primera mitad del s XVIII, sobre todo hasta la década de 1730. Se trata de pinturas de estancias en las que una serie de personas están hablando. No sabemos cuándo pudo verlas Goya, si fue así: quizá en 1792, en Cádiz, en casa de Sebastián Martínez, aunque no hay constancia documental de ello.

Se conservan además dos retratos de perfil goyescos del infante y su mujer. Hasta 2002 se dijo que se trataba de bocetos preparatorios y que, en el caso del de María Teresa, en la obra definitiva sustituyó el perfil por la posición frontal. Ese año apareció un retrato frontal inédito de ella, y se cree que Goya lo emplearía como estudio para su rostro en el retrato familiar. Se cree que llevó a cabo posteriormente el perfil de la infanta, independiente respecto al retrato de grupo a diferencia del de Don Luis, según esta teoría.

Goya pintó, además, a María Teresa Vallabriga de Chinchón de niña, con la sierra de Gredos de fondo. Empleó aquí lo que se conoce como "paleta atmosférica", fiel a la naturaleza. En este caso los fondos son muy reales, aunque es habitual en el pintor emplear fondos-telón: inventados en su estudio, no tomados del paisaje. En la montaña se aprecia el color grisáceo de la piedra. Es posible que Goya imitase alguna composición inglesa que insertarse el personaje en el paisaje.

La niña se encuentra en un pretil dentro del palacio y Goya carboniza el azul del corpiño respecto al tono de su piel. La raza del perro que la acompaña es muy común en los cuadros de Goya y este es uno de los primeros retratos españoles donde a los niños se los trata como tales, dentro de un entorno de juego habitual en la infancia.

También pintó Goya, de niño, a Luis María, hermano de María Teresa, en un interior y rodeado de mapas, porque era aficionado a la geografía.

Supuestamente también realizó un retrato ecuestre de María Teresa Vallabriga que se conserva en los Uffizi. Mide unos 60 centímetros, por eso se cree que se trata de un boceto, aunque está muy acabado. También presenta al fondo la sierra de Gredos. De ser así, no pudo realizarse el retrato definitivo porque la infanta murió dos años después de la estancia de Goya en Arenas. Puede que su idea fuera crear una galería de retratos en parejas.

El retrato de María Teresa Vallabriga de Múnich es un tipo de retrato nuevo, aunque comparable al de la niña. La arquitectura la componen arcadas clásicas, y el monte aparece de nuevo al fondo. La mujer descansa sobre el respaldo de un sillón.

Este contacto de Goya con el infante Don Luis era el primero que mantenía con la aristocracia de alto nivel y estas obras recogen lo más novedoso del momento en cuanto a la pintura de retratos en España (aire libre, paisajes, juego de los niños), y concede también al cliente aspectos clásicos que remiten a Velázquez y Rembrandt.

Su autorretrato en el retrato familiar le sirvió para su posterior autopromoción. Poco después, pintó Goya el de Ventura Rodríguez, arquitecto del Palacio de Boadilla, que iba a ocupar el infante de no haber muerto antes. Lo representó con un plano, quizá de alguna iglesia madrileña, y una columna detrás. Su rostro es expresivo y viste traje gris verdoso.

Más tarde emprendería Goya retratos de otros arquitectos, y el éxito del retrato familiar del infante debió llegar a oídos de otros aristócratas, como los duques de Osuna, que lo contrataron en 1785.

 

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