Ana Revilla: “En las ‘Pinturas negras’ se percibe la necesidad de acabar con todo aquello que impedía el progreso”

Conversamos con Ana Revilla, comisaria de “Goya sin límites. Las pinturas negras”, sobre el proceso creativo de esta impresionante experiencia inmersiva, que se puede disfrutar en el IAACC Pablo Serrano hasta el 27 de febrero de 2022.

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10 Dec 2021

El uso de la tecnología como método de divulgación en el mundo arte es, sin duda, el presente del panorama expositivo actual. Una cuestión en auge de la que sabe, y mucho, Ana Revilla, comisaria de “Goya sin límites. Las pinturas negras”, la experiencia inmersiva que acoge el auditorio del IAACC Pablo Serrano hasta el 27 de febrero de 2022, organizada por el Gobierno de Aragón con la colaboración del Museo del Prado, dentro de los actos conmemorativos del 275 aniversario del nacimiento de Goya. Una apuesta tecnológica a través de la que se puede disfrutar de las Pinturas negras, pincelada a pincelada, trazo a trazo, con música original y una cuidada voz en off que consiguen trasladarnos a la atmosfera de intimidad y retrospección que llevaron al pintor aragonés a crear su obra más compleja y enigmática.

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, Ana Revilla (Zaragoza, 1977) combina la investigación, la crítica de arte y el comisariado con la dirección del plan de internacionalización y la producción ejecutiva en Xreality Studios, desarrollando su trabajo en Los Ángeles, Madrid y Zaragoza. Asimismo, es productora ejecutiva de The Modern Cultural Productions, empresa dedicada a la aplicación de las nuevas tecnologías en el ámbito artístico y cultural. Como curadora artística y consultora en el campo de la educación, son relevantes sus propuestas para la introducción de la tecnología VR en el mundo del arte, como “Entrar en el cuadro. La luz de la pintura” para el Museo Thyssen-Bornemisza, o el diseño de audiovisuales y de contenido envolvente e inmersivo para museos e instituciones culturales a lo largo de todo el mundo. En 2020, fue galardonada con el premio Ángel Azpeitia de la ACAAA por la exposición "Estudio Cañada. Cuna de artistas aragoneses desde 1945".

¿Cómo definirías “Goya sin límites. Las pinturas negras”?

Es una experiencia inmersiva 360º. Cuando entra en la sala, el espectador se encuentra a oscuras, completamente rodeado por una proyección. Pero lo que hace que sea una experiencia totalmente distinta a las demás es que en este caso las imágenes están en movimiento; el resto de iniciativas de este tipo se basan en fotografías y planos fijos. Además, al margen de la apuesta tecnológica, se ha creado una narrativa en torno a las Pinturas negras muy trabajada y muy cuidada.

Desde hace unos años, es evidente el auge de este tipo de experiencias inmersivas, ¿qué pueden ofrecer frente a la obra original?

En este caso, las Pinturas negras, como muchas otras obras de Goya, no se pueden mover del Museo del Prado. Por lo que la difusión de su digitalización ha logrado que puedan llegar a un público muchísimo más amplio. Pero, además, la tecnología permite mostrar cuestiones que serían imposibles de apreciar de otra manera. En “Goya sin límites” el espectador puede observar de forma ampliada las pinceladas de Goya, su trazo, el peso de los pigmentos… Obviamente, es distinto al placer que se siente al ver una pintura en vivo, eso no se puede suplantar, pero este tipo de experiencias nos ayudan a percibir los detalles, a ver el arte de una manera diferente y, sobre todo, a entenderlo mejor.

¿Cómo y por qué surgió la idea de emplear este formato de “exposición”?

En un primer momento, se planteó llevar las Pinturas negras a realidad virtual, pero con la pandemia resultaba un tanto problemático, ya que, por ejemplo, con la limpieza de las gafas los turnos de visualización se alargan muchísimo… De manera que, sustituimos las gafas de realidad virtual por una  especie de cámara oscura.

La llegada de la COVID-19 ha supuesto que la digitalización entre y se entienda. Muchas herramientas que los museos empleaban únicamente para la investigación y restauración de sus obras —como es el caso de las Pinturas negras, escaneadas en alta resolución hace tiempo por el Museo del Prado—, ahora también se pueden utilizar para que el espectador pueda apreciar de manera muy precisa las obras de arte.

Desde luego, el propio carácter de la obra contribuye a que para conseguir una experiencia plena haya de ser observada de forma introspectiva, en la oscuridad, sin multitudes…

Eso es. Cada pase es de doce personas y la sala es muy pequeña, precisamente, buscando esa intimidad. De manera que, lo que en un primer momento pareció un hándicap (en este tipo de experiencias se suelen utilizar espacios de más de 400 m2), finalmente, ha sido favorable para el proyecto, ya que apoya totalmente el discurso, así como el lugar origen de las pinturas, la Quinta del Sordo.

¿En qué ha consistido el tratamiento de las imágenes?

Ha sido un trabajo largo y tiene que ser así. Has de conocer perfectamente cada obra de Goya para saber dónde puedes hacer una incidencia en el volumen, dónde has de marcar las vetas de los trazos, las pinceladas... Tienes que documentarte en profundidad, estudiar al artista y entender cómo estaba pintando en ese momento. Por ello, cada pintura la hemos trabajado de manera distinta. Por ejemplo, en Dos viejos comiendo sopa hemos podido desarrollar un 3D muy volumétrico porque el trazo estaba perfectamente definido, a diferencia de en Las Parcas, donde era imposible seguir el trazo y decidimos jugar con la distribución en planos del cuadro. Por eso, en este tipo de proyectos es tan importante el proceso de análisis previo.

Entiendo que el objetivo era ofrecer un plus, sin alterar la imagen original.

La tecnología siempre ha de estar al servicio de la obra de arte, sea en una restauración o en la transmisión de conceptos. Hemos trabajado con rigor absoluto, respetando totalmente la obra original. No hemos cambiado absolutamente nada, solo hemos realzado algunos aspectos; si el surco de la pincelada tiene 17 trazos, hemos marcado 17 trazos.

Y, además, para seguir garantizando esa verisimilitud, la proyección en sala ha de adecuarse totalmente al trabajo previo. Imagino que el montaje fue complicadísimo.

Totalmente. En el ordenador trabajas con unos parámetros de color que se alteran cuando proyectas, adecuarlo al original nos llevó dos semanas. Pero, además, tuvimos que realizar un segundo trabajo de ajuste de la imagen para que esta no se distorsionara, debido a que las paredes de la sala son curvas. La regulación de luz fueron otras dos semanas de montaje en las que sufrimos muchísimo. Tienes que volver sobre el material original en muchas ocasiones, analizar cómo se proyecta, compararlo con tu monitor de referencia, y ajustarlo para que el espectador vea la obra como tiene que ser.

El discurso y la duración también son muy importantes en este tipo de experiencias inmersivas, ¿cómo lograsteis un equilibrio entre ambos?

Además de presentar cada obra por separado, hemos creado una narrativa común para que el espectador se sienta cómodo y tenga ganas de ver más. Nos hubiera gustado analizar en profundidad las catorce pinturas, pero nos hemos centrado solo en las que considerábamos más espectaculares. Si hubiéramos desarrollado todas, habríamos pasado de los 14 minutos actuales a la media hora de duración, y en una experiencia de estas características es demasiado tiempo. De hecho, partíamos de una locución mucho más densa que no tenía sentido, porque solo el impacto visual que recibe el espectador ya supone muchísima información. La experiencia ha de tener sustancia, aportar, pero, al final, todos queremos pasar un buen rato.

¿Y en el caso de la música qué es lo principal?

En este tipo de experiencias todos los sentidos del espectador esperan recibir un impacto. Por eso la música y el audio son tan importantes. Es música original porque es necesario que lo sea. Si quieres que el espectador sienta, has de acompañar las imágenes con una música que le invite a entender la narrativa. Al compositor le marcamos qué queríamos transmitir en cada momento. Para la parte de la noche y los miedos creó distintos efectos sonoros que realmente sobrecogen, pero para compensarlo también generó otros que, durante la presentación o al final de la pieza, transmiten paz y armonía.

¿Qué crees que tienen de especial las Pinturas negras que a todos nos atraen?

Al final de la experiencia, la locución señala que Goya marcó el cambio hacia el pensamiento contemporáneo. Y es, precisamente, en las Pinturas negras donde se percibe esa necesidad de denunciar el pensamiento imperante, de acabar con la brujería, con el miedo, con la superstición… con todo aquello que impedía el progreso. Las Pinturas negras gustan porque transmiten esa sensación de disconformidad y, además, no se sabe con exactitud qué nos quiso decir Goya con ellas, por lo que también generan muchísima curiosidad. El misterio, la noche, la ensoñación… nos atraen muchísimo, y esto está demostradísimo en todas las narrativas, tanto en el campo audiovisual como en el literario.

¿Con qué otra obra de Goya te gustaría hacer una experiencia inmersiva?

Me decantaría por los cartones para tapices. Representan otro momento totalmente diferente, más amable. Así como en las Pinturas negras predominan los tonos ocres, los marrones…, los Cartones de Goya podrían dar mucho juego por su gran colorido. Sería otro reto.

 

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