Francisco de Goya

Banderillas de fuego (dibujo preparatorio)

Clasificación
Banderillas de fuego (dibujo preparatorio)
Datos Generales
Cronología
1815
Ubicación
Museo Nacional del Prado, Madrid, España
Dimensiones
188 x 282 mm
Técnica y soporte
Sanguina sobre papel avitelado
Reconocimiento de la autoría de Goya
Obra documentada
Titular
Museo Nacional del Prado
Ficha: realización/revisión
03 oct 2021 / 03 oct 2021
Inventario
(D4316)
Inscripciones

4 (a lápiz, ángulo inferior izquierdo)

Historia

Véase Modo como los antiguos españoles cazaban los toros a caballo en el campo.

Este dibujo preparatorio pasó por herencia en 1828 a Javier Goya, hijo del pintor, y en 1854 a Mariano Goya y Goicoechea, nieto del artista. Posteriormente, lo poseyeron Valentín Carderera (ca. 1861) y Mariano Carderera (1880). En 1886 fue adquirido a Mariano Carderera, junto a muchos otros dibujos de Goya, incluidos casi todos los estudios preparatorios de la Tauromaquia, por la Dirección General de Instrucción Pública, siendo adscrito al Museo del Prado, en el que ingresó el 12 de noviembre de 1886.

Análisis artístico

Véase Modo como los antiguos españoles cazaban los toros a caballo en el campo.

Dibujo preparatorio de la estampa Banderillas de fuego. Estamos ante una abigarrada composición que representa el caos en la plaza. Refleja el momento en que, al toro, que es manso, se le encienden las banderillas que lleva clavadas para azuzarlo y que entre en el juego. No era algo que se hiciera con frecuencia pero parece ser que tenía el beneplácito del público, al que gustaba mucho.

Goya agrupa aquí a diferentes personajes, que luego modificará y aligerará en el grabado para que los protagonistas destaquen. No obstante, la parte más importante del dibujo se mantendrá en la estampa: el toro en escorzo de espaldas y el banderillero que llama la atención del astado para que acuda y le pueda clavar otro par de banderillas. Al fondo del dibujo vemos a los dos picadores que también aparecerán en el grabado, que como era costumbre han permanecido en la plaza después de la suerte de varas. Al fondo del todo intuimos la barrera y los tendidos poblados de espectadores apenas esbozados.

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